imaginación

La imaginación es mas importante que el conocimiento

martes, 21 de agosto de 2012

Leyenda de Madrona:"EL BURRO"

Fue el labrador a arar con su yunta de bueyes a un paraje de Madrona en donde tenía una tierra. Los días eran cortos, se echó la alforja al hombro con el almuerzo, pues tenía varias obradas que trabajar y quería acabarlas antes de que se hiciera de noche. Se puso a la tarea, y descansando lo menos posible iba haciendo surco tras surco. Almorzó, comió y merendó, y no acababa la tarea. Se hizo de noche y por no volver al día siguiente allí se quedó trabajando hasta que acabase.
Era ya noche cerrada, y de repente delante de él vio un animal blanco, grande, que se movía lentamente como queriéndose comer a los bueyes. Soltó el arado, y “patas para que os quiero”, echó a correr en dirección al pueblo gritando:
!un oso,un oso! !un oso se va a comer a mis bueyes!
Despertó a su mujer y a sus vecinos diciendo que había visto un oso, y que seguramente se estaría comiendo ahora mismo a su yunta. Se armaron de palos, garios, hoces y espadas y acudieron a la tierra donde había dejado la tarea empezada.
Observaron en la oscuridad que los animales estaban tranquilos, que no los pasaba nada, y un poco más lejos un bulto blanco en la noche parecía un oso .
-Mírale- dijo el dueño de la tierra- un oso.
Se prepararon los labradores para el ataque, para una lucha que se esperaba encarnizada,! que no se escapara la bestia,! le fueron rodeando para matarle. A medida que se acercaban veían que el animal no se movía para atacarles y su silueta comenzaba a vislumbrarse
-¡Alto ¡ dijo un labrador. Es mi burro, se me escapo ayer.


Allí estaba el burro rucio comiendo en la linde y sin ningún peligro. Sacó una cuerda del bolsillo el amo del burro y se le llevó a su casa. El dueño de los bueyes con el susto que tenía ya no quiso acabar la tarea y volvería al día siguiente. Al paraje donde sucedió esta aventura se le llama desde entonces:
EL BURRO
Este peraje está situado por el camino del calvario pasada la ermita en dirección a la pared de Riofrío.

lunes, 20 de agosto de 2012

Leyenda del Conde:"QUE EL EMBUDO TRAGUE A TU HIJO"


El verano avanzaba deprisa y los criados del conde aprovechaban toda la luz del día para hacer las tareas de segar, acarrear, trillar y aventar. Los montones en las eras iban creciendo diariamente a medida que se iba trillando el grano. Cuenta la leyenda que todos los veranos eran tan grandes los montones de trigo y paja que se veían desde los pueblos de alrededor.


Pero al conde siempre le parecía poco. El avariento señor cada año creía que recogía menos. Siempre se estaba quejando, mandaba barrer las parvas hasta escarbar en la tierra para no desperdiciar ni un grano. Tenía cuadrillas de espigadoras que iban por las tierras después de acarrear para que no se perdiera ni una espiga, tal era la avaricia y la ambición que paseaba por las noches por entre los montones por ver si alguien le quitaba algo, y a la luz de la luna dejaba caer puñados de dorado trigo imaginándose que era oro brillante lo que tocaba con las manos.

Pero una noche cuando paseaba por las eras vio la sombra de un hombre como queriendo coger algún puñado de trigo del montón y echárselo en una alforjilla que llevaba. Viendo el conde al vagabundo le hizo cara y le mandó volcar las alforjas de grano que el conde creía que le había robado. No cayó nada, pues aún no le había dado tiempo al haraposo de robar , pero ya que estaba frente al dueño de tanta riqueza le pidió una limosna o unos puñados de trigo.
Sabido es que al conde no le caían bien esa jarca de carcamales y menesterosos que vagabundeaban por los pueblos pidiendo limosna.
¡No! - Contestó el usurero aristócrata dando un empujón al mendigo. -¡No y cien veces no! No te daré limosna ni grano, vete de aquí ahora mismo, que ha sido un mal año y no tengo casi ni para comer yo. Dijo el ricachón dando empujones y puntapiés al trotamundos para echarle de sus posesiones.
En un empellón el errante haraposo se llegó a caer al suelo y el avariento seguía dándole patadas, y el vagamundo blasfemando le dijo una maldición:
"QUE EL EMBUDO TRAGUE A TU HIJO"


El trotamundos consiguió alejarse de Torredondo todo lo deprisa que pudo, mientras que el manicorto dueño de esos terrenos se quedó dando vueltas a lo que podía significar la maldición.
Tenía el conde un hijo adolescente que le gustaba montar a caballo y era igual de cicatero y avaro que su padre. Iba con el caballo y el látigo a ver como segaban sus criados, si lo hacían bien, si no se perdía ni una espiga si almorzaban sobre la marcha sin parar sin apenas perder tiempo para beber y mil cosas mas que el tacaño jovenzuelo aprendió de su progenitor y ponía en práctica. Pasaba ese día por unos prados de su propiedad que se llamaban Sotopalacio por ser un frondoso terreno lleno de fresnos y agua abundante y estar situado en un caserío que se llama Bernuy de Palacios o Bernuy de Riomilanos.
Como el calor apretaba se bajó del caballo y desnudándose excepto el calzón se dispuso a dar un baño en el río. Había un bodón hermoso que se llamaba “ Los Berrales” y como era a principio de verano había gran caudal de agua. Cual no sería la sorpresa para el adolescente muchacho cuando vio que el agua le succionaba para adentro, como si tuviera una piedra en los pies, un remolino le hacía dar vueltas sin poder escapar por mas que manoteaba, el implacable embudo de agua le tragó.
Llegado el anochecido y viendo el conde que su hijo no volvía mandó a todos sus criados ir a buscarle. Vieron al caballo atado a un árbol, y asomándose en el río vieron al joven ahogado trabado en unos juncos. Observando el personal cual podía ser la razón de haberse ahogado vieron como un remolino de agua en el bodón de los Berrales se tragaba cualquier cosa que echaran, ramas de árbol, maderas, y hasta una gavilla de trigo que echaron a dicho torbellino, vieron como era engullida por las fauces acuáticas, y al cabo de mucho rato de dar vueltas eran despedidas rio abajo las cosas que caían en el embudo.


Así es como el conde se llegó a explicar la maldición que el mendigo le echara:

“Que el embudo trague a tu hijo”
El bodón de Los Berrales, yo le he conocido, ha llegado a existir hasta finales del siglo XX. La juventud de Madrona, de Torredondo y muchos viajeros de Segovia acudían a ese prado de Sotopalacio a bañarse en verano, pero luego la sequía que hay en todo el rio Milanillos le ha hecho desaparecer. El bodón de Los Berrales y su remolino era muy famoso entre los jóvenes. Mas de uno se atrevió a echar un pulso al embudo y se llevó algún disgusto, pues te succionaba irremediablemente, y el caudal de agua era muy grande.


Leyenda de La Losa:"LA CUESTA DEL MATAVACAS"

Algunos lugareños creen que es el rio Matavacas el que da nombre a la cuesta, pero es al revés, es la cuesta la que da nombre al río. Tienen fama en La Losa sus cuestas, muchas y muy pronunciadas, no sólo mirando a la sierra, que siempre se dice que es cuesta arriba sino muchas otras de acceso al pueblo. Así seguramente la mas larga es la de Pasapan, que sube hasta los pies de la Mujer Muerta, pero hay otras mas cortas pero empinadas como la de la Lastra, la de la Cruz ( eso si que es una cruz subir esa cuesta, que no se acaba hasta el pilón de entrada al pueblo), la cañada Prado Mayor, la del Sotillo, la de Navalengua, la del Púlpito, en Ceponillos hasta la cotera de Madrona, la de San Juan el Viejo, la de la calle Escobar etc etc. Pero hay dos de acceso al pueblo que matan a los ciclistas, quiebran las piedras a los paseantes y hacían antiguamente agachar la testuz a los bueyes para subir el carro cargado hasta llegar al pueblo, son las cuestas del Madrones ( o la de Félix) y la del Matavacas. Llamaban a esta cuesta los lugareños “escuernavacas”
y la razón era porque cuando subían los carros cargados bien de piedra o bien de leña les tenían que cargar delanteros ya que si no al subir la cuesta como era tan empinada el carro les hacía subir la testuz a las vacas que iban uncidas con ubio y atadas a los cuernos que parecía les iba a escornar. Muchas veces había que enganchar una encuarta para subir, que consistía en alguna caballería delante de la yunta que tirara con fuerza.
Posteriormente comenzaron a venir a veranear por estos pagos “los señoritos” que eran gente mas leida y a lo de “escuernavacas” comenzaron a llamarlo “matavacas”, era menos rural y podría decirse mas culto. Y así se cambió de nombre a la cuesta y a su vez esta dio nombre al rio.

domingo, 12 de agosto de 2012

Leyenda de Madrona "EL SOTO"

Los ejércitos romanos necesitaban grandes extensiones de terreno para acampar. Sus tropas se movían con cientos de soldados, ¡ qué digo cientos! ¡por miles!. En la época en que Segovia estaba construyendo el acueducto, las cohortes romanas necesitaban terreno llano, espacioso y con agua abundante para instalar sus campamentos. Instalarían las tiendas en decumana. Cercano a Segovia solo había un espacio que cumpliera esas condiciones y era el cercano paraje de Madrona, pues aún el pueblo con sus casas no existía,. no iban a montar sus campamentos en un peristilo Paraje regado por el rio Milanillos que también se junta con el arroyo de las Cuevas y en la parte de arriba el río Herreros. Paraje frondoso por donde los haya que hace que brote hasta la “ injá” de un carretero que siembres.(La injá era un palo largo y recto de madera con un pincho a la punta para guiar los bueyes). Bien comunicado al septentrión con la ciudad de la Gran Puente como se llamaba en época romana, pues estaba cerca, y para ir a las canteras de La Losa y Hontoria que entonces había para la obra también pillaba con buena comunicación.
Acamparon durante muchos años las legiones romanas en el soto de Madrona y que por aquel entonces sólo había zarzas no árboles como ahora. Y el acueducto fue avanzando en su construcción y piedra tras piedra se fueron viendo arcos, y en la vaguada mas grande de su recorrido, doble arcada y coronando todo el conjunto una cacera que llevaría el agua de una punta a otra de la ciudad. Muchos no se creían que esa obra funcionara, no daban un óbolo o un sextercio por ello Cuando los romanos dormían en las tiendas de campaña que tenían instaladas en el soto, todos clavaban su lanza a la puerta. La lanza de los soldados era de madera de fresno y la de los  decuriones, centuriones legados y capitanes romanos era de álamo negro y un poco mas larga, para diferenciar la graduación. Todas ellas derechas como velas y todas ellas clavadas, por la noche en la extensión frondosa del soto parecía un bosque a la luz de la luna.
Paseaba un día el legado junto con el arquitecto del acueducto por entre las lanzas del campamento e incrédulo el capitán de que por fin llegase a correr el agua por encima de tan majestuoso edificio le dijo al arquitecto:
"-Antes se convertirán en árboles todas estas lanzas a que pase el agua por ese gran puente que tu has diseñado"
Se acostaron los romanos y a la mañana siguiente que era el gran día de la inauguración de esa imponente obra al levantarse observaron como las lanzas clavadas en el suelo habían brotado. Nadie se explicaba el suceso, pero los generales romanos mandaron que nadie tocara su lanza, ese dia irían al desfile de inauguración sin ella. Y por esta extraña razón el soto se vio rápidamente poblado por fresnos, dejándonoslos en herencia hasta nuestros días. Pero había entre los fresnos otros árboles mas altos que eran los álamos negros donde hacían nidos las cigüeñas y que desaparecieron a finales del siglo XX, ésas eran las lanzas de los capitanes y mandamases romanos. A la Gran Puente le llamaron posteriormente los ciudadanos “el acueducto”, nombre que ha calado mucho y que parece un diminutivo. Para mole tan gigantesca, imponente y colosal como es esa obra, necesitaría un nombre mas apropiado como pudiera ser la Gran Puente. Al soto de Madrona se le añadió luego el adjetivo de “Grajera” por tanta cantidad de grajos y chovas que siempre ha habido en él y así se llama hoy, el soto de la grajera. Se supone que los soldados eran todos romanos “puros” puesto que no nació ninguna otra lanza que no fuera fresno excepto la de los capitanes, ni robles, ni enebros, ni encinas, ninguna otra especie hay.
Las lanzas de los romanos siguen en pleno vigor en forma de fresnos, han desaparecido los álamos negros y todo ello junto con los ríos forman un paraje paradisíaco en primavera.

" LAS TRES VÏGENES "

Leyenda de La Losa,Madrona y Revenga. No se porqué razón me encontré entre las manos con un antiguo manuscrito que me llamó poderosamente la atención, pues se refería a tres pueblos de las cercanías de la Mujer Muerta y que reflejaba épocas muy antiguas, cuando los moros invadían la península Ibérica y dice así:
Conocida cosa sea esta carta que mando a los curas párrocos de los términos de Madrona, Revenga y La Losa, yo prelado de la curia Romana, obispo de Segovia por la gracia de Dios mando: Que cojan la imagen de la virgen de cada pueblo que veneran y a la hora del alba la escondan en algún lugar del término, en terreno desconocido y sin salirse del mojón aprovechando molinos abandonados, aceñas, azudas, pastos, pinares, cercas, cepas sotos o troncos para que no caiga la imagen en manos del infiel y del renegado turco.
Otro si: que acompañen a la imagen el párroco y el alcalde y si hubiere algún acompañante que viere donde se esconde susodicha virgen con su vista de ojos haga juramento al Criador de todas las cosas y a los santos cuatro evangelios, donde mas largamente están escritos de guardar en secreto el lugar donde se deposita por todos los venideros siglos para resguardarlas de las espadas altas y desnudas de los escuadrones moros. Otro si: no se podrá escribir en papel ni en terreno señalar, ni dibujar plano ninguno el lugar donde la imagen de la Virgen Santa María se haya escondido hasta que tan espantable persecución que reciben nuestras imágenes por esa sarta de gente mohína y berberisca se hayan ido de esta nuestra patria y de nuestra española tierra que en mal punto y hora menguada entraron por el estrecho de Gibraltar estas hordas de turcos árabes y demás seguidores de Alá.
Otro si: digo que este determinamiento es firme y deberá de cumplirse y acatarse en los pueblos de Madrona, Revenga y La Losa desde el día de recibir este escrito para que el Gran Turco no siga cometiendo el delito de sacrilegio y sean colocados en el infierno aquellos que maltraten las imágenes de nuestra siempre Virgen María y pasen allí la eternidad.
Y así pasaron los tiempos, y los moriscos que habitaban por estas tierras fueron replegándose hacia sus países de origen dejando paso a los cristianos que volvieron a ocupar los templos . Pero tantos años habían pasado que ninguno de los que había escondido las imágenes de la virgen de los tres pueblos vivía, todos habían muerto. Pero quiso la virgen irse apareciendo a diversos pastores que poblaban estos terrenos con diversos rayos de luz allí donde la imagen estaba escondida. Y en el mismo lugar que aparecía el rayo de luz los lugareños construían una ermita con la imagen correspondiente.
Así en Madrona apareció en una cerca entre unas paredes muy anchas que allí había, en el frondoso paraje conocido como el Soto de la Grajera y que le riega el río Milanillos. Allí levantaron la ermita y aún hoy se conservan las ruinas de las paredes de esta cerca, que pasados los siglos se llevó la imagen a la iglesia del lugar y se venera con la advocación de la Virgen de la Cerca.
En Revenga apareció en la oquedad de un fresno de los cientos que hay en lo que se conoce como el Soto. Allí se levantó una ermita y hoy en día allí se celebra su fiesta y romería con la advocación de la Virgen del Soto. En La Losa apareció la virgen escondida entre unas cepas grandes de encinas cortadas y que los gabarreros habían abandonado en un montón por ser muy difícil partirlas. Aclaro que cepa es la parte del tronco de los árboles que está dentro de la tierra unida a las raíces y que una vez cortado el árbol la cepa produce rebrotes. Pues allí, en unas cepas muy grandes que el pueblo las llamaba “cepones” apareció la virgen en las mismísimas faldas de la Mujer Muerta
. Y allí se construyó una ermita que aún hoy existe pero que el culto y la advocación se hace en la iglesia del pueblo con el nombre de la Virgen de Cepones.

domingo, 22 de julio de 2012

leyenda de Madrona "EL PUENTE MATAMUJERES"

Temor y muerte en la memoria de un pueblo.
La Casona y la taberna que existía detrás fueron escenario de escenas horrorosas
. El panadero como todas las mañanas había cargado su tartana con unas maquilas de pan para venderlo en Perogordo que le pillaba de paso a Segovia. A punto de amanecer enganchó el percherón al carromato y se dirigió cuesta arriba hacia la ermita y después por el puente del arroyo Pozuelos en dirección a la ciudad. En un cerro por donde pasaba el camino vio dos bultos extraños y ensangrentados, se acercó el tahonero deprisa con su carruaje y al parar el percherón vio que dos monjas yacían muertas y con las vestiduras rasgadas en la cuneta del empedrado camino. Nervioso dio la vuelta a los cadáveres y los inspeccionó para ver la causa de la muerte. Las monjas habían sido atadas las manos, violadas y posteriormente asesinadas con un gigantesco machete como el que se pone en los fusiles de los soldados. Deshizo el hornero el camino hacia Madrona y dio aviso a las autoridades del pueblo. Por aquel entonces los soldados franceses tenían el acuartelamiento en un gigantesco caserón llamado la Casona y ellos eran los que por medio de la fuerza y la dictadura regían los ideales del pueblo. Entre risas y aguardiente trajeron los cadáveres de las monjas en la tartana del trajinante que miraba atónito el espectáculo sin poder hacer nada, y las enterraron sin dar cuenta a nadie . A la mañana siguiente iba el panadero por el mismo camino y bastante antes de llegar al cerro donde el día anterior había encontrado las monjas, justo en la ladera del puente que hace el camino con el arroyo Pozuelos otro cuerpo de mujer yacía tirado y revuelto entre la maleza. La joven muchacha había corrido la misma suerte que las monjas, maniatada la habían violado y después unos profundos machetazos la habían hecho pasar de la agonía a la muerte. La persona que hacia tan horribles crímenes debería ser un hombre fuerte por la feroz lucha que debió de tener la joven mujer y el asesino por los moratones que en ella se veían. Avisó el tahonero a su familia y a los napoleónicos del cuartel de la Casona que tuvieron un poco mas de respeto que con las monjas porque estaban el padre y el novio de la joven que juraron venganza si lograban dar con el asesino. Lo cierto es que los soldados que habitaban en Madrona pertenecientes a las tropas francesas no tenían muy buena fama, pues hacían muchas descalabraduras, preparaban camorra, eran unos brabucones, cometían muchas barbaridades y a raíz de estos crímenes los lugareños pasaban por la peña para ir a la iglesia mirando con recelo el enigmático caserón y escupiendo al suelo.
Habían pasado pocos días de los abominables sucesos de las monjas y de la mujer y el trajinante de la tartana cada mañana que pasaba por esos lugares hacía la señal de la cruz en memoria de las infortunadas víctimas, cuando otra mañana se volvió a repetir la historia en la ladera del puente. El tahonero vio como una mujer ensangrentada y ultrajada permanecía con las manos fuertemente cerradas como aferrándose a algún talismán en la agonía que la precedió a la muerte. La mujer era una hermosa recién casada que enamorada de su marido había sido violada antes del amanecer cuando su cónyuge estaba fuera de casa y transportada en su caballo había sido tirada en ese puente para que el hornero diera cuenta al cuartel de la Casona. Con desesperanza y tesón consiguió el panadero abrir las manos de la mujer y vio como unos botones de soldado junto con un jirón del uniforme apretaba bruscamente el neurótico cadáver que en su agonía pudo arrancar al asesino. Esta vez el hombre no dio aviso a los galos. Cargó el cadáver en su vieja tartana y fue a buscar al marido y le contó la historia. Con la rabia y el llanto contenido propio de un ultrajado implado de odio, fue a su casa y cogió un fusil que tenía colgado en la chimenea, le puso doble carga de pólvora y metralla y se dirigió a la Casona para dar un escarmiento al malaentraña y vil asesino de su esposa. Desde un moral que había en una huerta de al lado, fue observando uno por uno la recua de soldados y mamarrachos que permanecían al sol chingando botellas de vino diciendo apestosas blasfemias y zampando bocadillos en una mañana primaveral. Observaba las botonaduras de las mangas de los franchutes al levantar el odre de vino hasta que guipó a uno entre la purrela de borrachos, el mas grandón, baldragas y desgarbado, a medio afeitar, blasfemo y baboso, que tambaleándose comía y bebía como en una fiesta demoníaca, arramplaba con cuanta comida podía coger, añusgándose a cada instante y soltando gargajos descomunales, tocándose algunas veces la bocamanga de la guerrera como si algo le faltara. Ese que atisbó era el que buscaba, el que había matado a las monjas en el cerro y a las mujeres del puente, a ese asesino había que ajustarle las cuentas. Bajó el marido de la última víctima del moral donde había estado inspeccionando a los gabachos, agachado con el trabuco se fue acercándose al grupo donde había reconocido al grandón asesino, lentamente acercó la bocacha del fusil a la espalda del afrancesado y a la voz de :-¡eh grandón! Al darse la vuelta éste le disparó a bocajarro en el pecho reventándole las entrañas y esparramándole los entresijos de sangre y mierda, haciéndole caer de bruces en la peña que hay ante el portalón de la Casona. A raíz de estos sucesos los francófilos tuvieron que huir de su cuartel por el feroz ataque que los matronenses les propiciaron. Al cerro donde aparecieron los primeros cadáveres aun hoy se le conoce como Cerro de las Monjas, y al puente sobre el arroyo Pozuelos se le conoce como puente de Matamujeres, que era un puente de dos ojos de estructura adintelada, parecido al de las alcantarillas que hay entre el pilón viejo y el pilón nuevo y que desapareció este puente en la década de los sesenta para dejar paso a la carretera nacional 110 pero que aún hoy ese terreno donde atraviesa el arroyo se le conoce como Matamujeres. El torreón de la Casona que utilizaron los franceses como acuartelamiento se hundió en 1976 quedando el portalón hasta hace unos años que hicieron viviendas como en la finca del moral.
El arroyo Pozuelos discurre desde Hontoria por el Hocino hasta atravesar este puente por detras del cementerio y la cuesta Blanca, y ha hartado de cangrejos a muchos segovianos.

domingo, 8 de julio de 2012

Leyenda de La Losa "LA CUEVA"

La gente de La Losa llama a ese paraje Ceponillos y los de Madrona lo llaman el Simarrón. Pertenece al término de La Losa y entre varias cavidades que hay en la roca una penetra para adentro haciendo una cueva. El rio o arroyo que corre frente a ésta se llama de las Cuevas haciendo honor a este nombre y a esta galería sin investigar. Esta encañonado entre dos laderas haciendo un frondoso valle .Se había oído contar que esta gruta tenía otra puerta mas pequeña como a dos kilómetros en dirección al palacio de Riofrío y dentro del bosque. Una vez estaba un leñador con su hijo y una gigantesca culebra había salido de la cueva cogiendo al muchacho entre sus anillos, corriendo el padre con el hacha hacia tan gigantesca bestia sobrehumana le dio un hachazo con intención de partirla en dos y observó como rebotaba el hacha como si diera en piedra, la bicha consiguió arrastrar al infeliz muchacho hasta los adentros de la gruta y desde allí gritó a su padre:
Vete! que una me coje y diez me comen
Aterrorizado el leñador lo contó en el pueblo el suceso, y si que habían observado que de vez en cuando faltaba algún ternero de las fincas de alrededor. Tomaron una decisión, tapiar la cueva. Cuando estrecha, a los pocos metros de la puerta harían una pared para que la gigantesca bicha no pudiera salir. La cueva en su comienzo es bastante alta, caben varias vacas pero pronto se estrecha en forma de embudo y cuando queda como a la altura de un hombre tapió el leñador la gruta con piedras muy bien ensambladas para que el reptil no pudiera salir y muriera allí con toda su descendencia. Pasaron los años y fueron heredando la finca distintas generaciones. Una vez el propietario siguiente de esa cueva quiso cerciorarse de que la gran bicha y su prole habían desaparecido. Quitó la tapia de piedra y metió a un perro. Volvió a poner la pared. Según estaba tapando la cueva comenzó a oír ladridos del perro, primero como si quisiera hacer frente a algún peligro que había visto, gruñidos y ladridos como queriendo atacar, posteriormente observó como los ladridos eran de huida, como que se quería ir, y después como que le habían cogido y le estaban intentando ahogar. De repente los ladridos ahogados desaparecieron, el perro había muerto. El hombre palideció, pues no podía creer que después de tantos años la bicha o sus descendientes estuvieran vivos, ¿qué comían? Necesitaban animales grandes para alimentarse, y por esa boca de la cueva nunca habían salido. Se fue pensativo, esa gruta debería de tener otra puerta. A los pocos días el lugareño cogió un gallo, el más grande y hermoso del gallinero. Se fue a la entrada de la cueva, quitó unas piedras y metió al gallo.
Le espantó para que entrara hacia adentro, puso las piedras y tapó para que no pudiera salir. Oyó revoloteos del animal, kikirikís acelerados, vuelos y en la lejanía oyó como desaparecía el ruido pero como si el gallo hubiese escapado. Cogió el lugareño el camino de vuelta a casa y se lo contó a su mujer. Al cabo de unas hora vio como entraba por la puerta del corral el gallo un poco desplumada la cola pero nada más. El misterio se había desvelado la gruta debía de tener otra puerta pues por la entrada del Simarrón no había salido el gallo y seguramente estaba en el bosque de Riofrío y la bicha y su prole se habían alimentado y aún hoy se siguen alimentando de animales grandes, de ¡ciervos! De ahí tantos años, y allí sigue en esa gruta aunque la puerta del Simarrón permanezca tapiada.