imaginación

La imaginación es mas importante que el conocimiento

viernes, 31 de julio de 2015

El hombre de hierro


EL HOMBRE DE HIERRO

Ese hombre ibero, autóctono, ese lince en peligro de extinción, aún se le ve por los pueblos de la Mujer Muerta montado en un caballo o haciendo amistades con las fuerzas del orden, a las cuales tiene mucha atracción. Con botos camperos con mosquero, espelujado buscando párrafo, saludando a la comadrería de los bares o entre caballos que es lo que mas le gusta.
Quiero referir aquí un hecho que le sucedió, en el cual un caballo le arranco la cabeza de cuajo a este hombre de hierro y corriendo la cogió del suelo y se la volvió a poner.
Unos cuantos jinetes estaban atravesando una pared medio caída de piedras, uno de ellos se bajo de la cabalgadura porque el caballo rehusaba. como tirándole desde el suelo del ramal tampoco  saltaba el hombre de hierro cogió un palo largo del suelo y le daba en la grupa para obligarle a saltar. el caballo seguía rehusando. El palo se rompió por la mitad y ya era mucho mas corto lo que significaba que había que arrimarse mas a la grupa para darle. En un momento dado cuando el hombre ibero se acercó con su palo…..
¡!!!!!! puuuumbaaaaa ¡!!!!!!!
soltó el caballo una coz levantando la grupa con las dos patas atinándole en la cabeza con una precisión nítida.
        La coz sonó como un cañonazo, como si hubiera metido la cabeza en la bocacha de este artefacto y hubieran disparado haciendo la testuz de proyectil. La cabeza se arrancó de cuajo rodando por el suelo sin compasión. Instintivamente corrió tras ella, la cogió y con sus propias manos se la coloco como Napoleón el día de su coronación con la corona. Rápidamente le llevaron  al hospital y el grave accidente quedo en toda la cara amoratada y un ojo como una plaza de toros. al cabo de un tiempo se curó perfectamente.

        Yo es el accidente mas grave que he conocido con caballos.

domingo, 25 de mayo de 2014

Esquileo de burros 2014

En La Losa ya llevamos al menos quince años haciendo una fiestecilla alrededor de San Isidro patrono de labradores y ganaderos que consiste en esquilar los burros de la ganadería asnal de Miguel Puente y herrarlos o arreglarlos los cascos. Algún año esquilamos con maquina manual pero ahora lo hacemos con maquina eléctrica. un buen almuerzo para celebrar la fiesta cierra el trabajo.
Cuadrilla colaboradora
El ganadero MIGUEL PUENTE que tiene especial cariño a los burros porque su padre era panadero y toda su vida tuvo burros e iba con el carro a Segovia a por harina.
El esquilador, que también esquila ovejas.

Ejemplar esquilado
Ejemplar esquilado
Ganadero, esquilador, herradores, ayudantes y falta una burra que no se puso en la foto


viernes, 7 de marzo de 2014

La losa de CEPONES


La losa de Cepones

El reparto del agua siempre ha sido problemático, es un bien que durante algunos meses al año es muy escaso. y el agua es muy preciado para la vida de las personas y de los animales.

 Existía  un pueblecillo llamado Cepones en la falda de la sierra de la Mujer Muerta. Salvo en invierno primavera y otoño que tenía abundancia de agua algunos meses de verano eran duros para la subsistencia  por la escasez de ésta. Pero no tenía otra solución. Lo poco que había se lo repartían los ceponeros con buena amistad. El problema vino cuando una reina de España consintió en hacerse un hermoso palacio aguas abajo de donde se suministraban los habitantes de Cepones.

         Un verano tras otro una lucha sin cuartel por el agua. ¿Quién tenía mas derecho  la reina para su palacio o los habitantes de Cepones que desde tiempo desmemoriado se venían abasteciendo del riachuelo?

             Tras varias discusiones y con las amenazas de la reina, tuvieron que transigir los lugareños a un reparto de agua que no les convencía mucho pero no había otra solución:

“Dos partes para Cepones y una para el palacio”.

         Pero ¿Cómo se dividirían las partes?. Viene de antiguo el reparto de agua en “tejas”, que es la clásica teja árabe  de canal, haciéndola pasar el agua por ella.

         Mandaron a un cantero construir una gran losa de piedra en la que estaba esculpida una cacera en un canal. Hacia la mitad de esta losa la cacera se dividía en tres tejas de las cuales iban para el arrabal de Cepones dos y la otra al palacio.. A modo de “i griega” en la cual la cacera madre era el pie y los dos brazos uno con dos tejas y otro con una, así se dividía el agua. Se coloco la losa en el suelo haciendo pasar el agua por ella y así se repartía desde la cañada Real para abajo. A esta división se la llamo “la losa de Cepones” cumpliendo una soberbia función durante cientos de años.

         Dicha losa aun permanece en el suelo de la cacera aunque inutilizada pues en el siglo XX se hizo una presa aguas arriba con una caseta pero con el mismo mecanismo de reparto, haciendo entrar el agua a un repartidor había “tejas” o aberturas que volcaban el agua a un lado o a otro.

         En el año 2004 este mecanismo quedo anulado al hacer una gigantesca obra hidráulica consistente en que los meses de necesidad se trasvasaría agua desde el pantano de Revenga a un gran depósito siendo ya innecesario el reparto por tejas.

         Este reparto a mi siempre me ha llamado la atención, pues es muy acertado y sumamente curioso con la medida de las tejas. Yo me he quedado largos ratos mirando la losa de Cepones que permanece tapado con un bunker de hormigón y un bocín arriba con un candado para que nadie manipulara la medida.

         Así la losa de Cepones permanece olvidada e inútil en las faldas de la Mujer Muerta.

Angel Traisset. 100 años


El milagro de la mula Farruca


         -¡Sólo la faltaba hablar ¡- me decía el centenario Ángel Traiseset-  ¡qué buena era ¡ Te digo yo que si hubiera hablado la Farruca había ido a la escuela. Si es que era inteligentísima, noble, lista era el no va más. ¡Sólo la faltaba hablar. Te lo digo yo – repetía el anciano señor al que le gustaba bailar con su mujer y lo estuvo haciendo en las fiestas del pueblo hasta los noventa y tantos años. – A esa mula la enganchábamos al carro para ir a la pradera de San Isidro en Madrid lleno de chicos y tenía más cuidado de ellos que el propio padre. ¡Sólo la faltaba hablar! La mula Farruca hizo un milagro y te lo voy a contar para que perdure en los anales de la historia a ti que te gusta escribir.

-¿tú sabes el milagro de San Isidro en Madrid?

- Si – le conteste yo- Un niño cayó a un pozo y llegó San Isidro e hizo crecer el nivel del agua hasta el brocal para poder coger en brazos a la criatura.

- Si señor – decía- pues la mula Farruca en la pradera de San Isidro hizo otro milagro.

Estábamos toda la chiquillería bañándonos en el Jarama un San Isidro en Madrid. Allí llevábamos la merienda y toda la familia pasábamos un día de campo. Habíamos ido con el carro y la mula. Había miles de personas, y ella permanecía suelta comiendo hierba pero se yo que estaba pendiente de los chicos que había llevado en el carro por si a alguno le pasaba algo. Si es que ¡solo la faltaba hablar!. Si regañaba algún chico forastero con nosotros se acercaba la mula y con las orejas gachas rebuznaba y ponía en orden al extraño. Pues digo que estando el rio lleno de bañistas yo me metí muy adentro, tanto que como no sabía nadar me ahogaba braceando en el agua, nadie me ayudaba, yo me veía morir, tragaba agua y de una manera angustiosa intentaba salir pero no hacia pie. Voceaba, pedía auxilio, y yo creo que oyó mi voz. La mula Farruca que me vio entre toda la algarabía  de gente echó a galopar hacia mí y mirándola todo el mundo y apartándose para dejarla paso a ver donde iba, en una de las vueltas de campana que yo daba en el agua me cogió de una pierna con su boca y levantando el cuello me sacó del ahogamiento seguro que se me avecinaba. Comenzó a andar hacia la orilla y con cuidado me dejo encima de un mantel que tenía mi madre preparado para merendar. Se quedaron todos boquiabiertos al ver el milagro que había hecho la mula.

            Como me quedaba yo boquiabierto al escuchar la historia que Ángel me contaba. Y para que no hubiera duda del hecho milagroso se levanto una pernera del pantalón  por encima de la rodilla y me enseño una moradura en la piel que era la marca que le dejó la dentadura del animal por salvarle de tan trágico suceso.

-         ¡ Si es que sólo la faltaba hablar ¡

Ángel Traisset  ha cumplido cien años en 2014 y esta historia me la contó a mí un día tomando un chato de vino de los que aún con su edad toma.

viernes, 25 de octubre de 2013

DICHOS DE LA ZONA


DICHOS DE LA ZONA

“Vaca de Hontoria y mujer de Revenga a mi casa no venga.”

“Y de Madrona ni borrico ni persona”

         Hay un error muy común cuando se refieren al dicho de “en Madrona ni borricos ni personas” . No es “en”  es “de Madrona…”

         Existía un labrador matronense bragao

 tan avaro que ni su mujer veía nunca el dinero que éste tenía. Lo tenía escondido en un agujero de la cuadra y así, cuando necesitaba algo, sin que nadie le viera iba al agujero, quitaba la piedra que tapaba el escondite, cogía unas monedas y lo volvía a guardar. Hasta que un día su mujer se enteró dónde lo guardaba, era en un apartado dentro de la cuadra donde guardaba el burro, falso como una mula, que igual le daba morder que dar tainas a cualquiera que entrara cerca de su pesebrera, excepto a su dueño que le tenía bien enseñado y allí estaba a buen recaudo el dinero.

         De Revenga era la mujer del tacaño, hacendosa como todas las de ese pueblo, pero sin dinero, pues su marido no le daba ni para comer cuanto más para vestir. Pero la revengana observó que su marido se llevaba el burro de vez en cuando para ir de feria, momento éste que aprovechaba para ir a la cuadra, acercarse al agujero donde el cicatero de su marido guardaba el dinero, y sisarle unas monedas sin que se diera cuenta. Sabía que estando el burro en la cuadra no lo podía hacer por lo falso que era pero no estando, tenía vía libre. Estuvo así la mujer mucho tiempo, cogiendo algunos dineros sin que el roñoso  se enterara. Pero tuvo la mala suerte que un día estaba una vaca a bocaparir y volvió pronto el marido de donde estaba, pillando a la mujer en la cuadra del burro sisándole el dinero:

         -¡anda güizara – decía el rácano- como me robas los dineros cuando no está el burro en su cuadra. ¡Vaya mujer que me he echado, de Revenga tenía que ser! Como esta vaca que se ha muerto a bocaparir y la compré en Hontoria. Está visto que hoy no es mi día: “vaca de Hontoria y mujer de Revenga a mi casa no venga”- sentenció el avaro matronense.

A lo que la revengana con su inteligencia femenina añadió:

-“ y de Madrona, ni borrico ni persona “-

 

martes, 8 de octubre de 2013

EL MOLINO HERREROS


EL MOLINO HERREROS

         LEYENDA DE MADRONA

         Yo oía contar esta historia en la fragua y en el molino como uno de los más extraños casos que en el mundo han sucedido, yo oía contar esta historia en la barbería y en la taberna, yo se la oía contar a las mujeres que escuchaban en la radio “El coche número trece” mientras cosían a la sombra y la utilizaban como conseja, yo se la oía a los viejos de boina y garrota en el atrio de la iglesia, yo se la oía a los hombres cuando querían enseñarte algún ejemplo de bravuconería, yo se la oía contar a los padres cuando querían enseñar a sus hijos que a la palabra dada no se falta nunca, yo se la oía contar….. Bueno, así es la historia:

         Existía un molino de agua en Madrona en el fondo del soto, donde se juntan el rio Herreros con el Milanillos al cual acudían a moler gentes de Fuentemilanos ya que allí no había rio y por lo cual no había molino. Estaba un día un lugareño de ese pueblo llamado Arnal con el molinero, que había bajado el carro tan cargado que una vez molido casi no cabía en el carro la harina, que debería de ser la misma carga que el trigo antes de moler pero abultaba mas.



         Dijo el molinero:

         --Arnal, tu no subes con toda esta carga a Fuentemilanos, la cuesta que tienes antes de llegar a la cárcava es muy empinada, y una cosa es bajar y otra subir, llévate mi burro y le enganchas de encuarta.

          --tu no sabes lo que dices—vociferó el bragao—mis bueyes son los mejores  del mundo, subirán la cuesta sin inmutarse, y si no la suben me corto los huevos.

         Fanfarronería no le faltaba al de la fuente de Perdigones.

--lo dicho Arnal—sentenció por última vez el molinero—si tus bueyes no suben la cuesta el próximo día que vengas por aquí tu sabrás lo que te tienes que cortar.

--¡ Juro por Dios que me corto los cojones ¡

         Se puso en marcha el fanfarrón y cuál sería su sorpresa que a la mitad de la cuesta los bueyes se pararon. Ni dando voces, ni ayudando él a una rueda, ni pinchándoles con la injá, los bueyes no podían subir. Sudoroso y muy rápido se subió al carro y tiró unos cuantos sacos para aligerar peso  hasta que consiguió que la pareja subiera.

         El molinero que estaba viendo esto escondido desde lejos con su burro cogió los costales caídos y se los llevó a su molino. Cuando Arnal quiso vaciar su carro y volver a por los sacos que había dejado en la cuneta ya no tenía ninguno. No se atrevió a ir al molino. Con la cabeza gacha se volvió a su casa.

         Quiso la mala fortuna que otro día tenía que ir a arar y pasar por delante del molino de Herreros. Viéndole el molinero le paró los bueyes, se acercó al ubio y en un agujero que este tenía llevaba una azuela, ofreciéndosela a Arnal le dijo:

          --cumple con tu fanfarronería y te llevas los sacos que te faltan.

         Y uno de Fuentemilanos podrá faltar a misa un domingo o hasta si me apuras un poco a la procesión del Cristo del Consuelo pero a su palabra no falta nunca, “la palabra de un hombre está por encima del cielo y de la tierra”. Bajándose los pantalones puso los testículos estirados en el timón del arado que llevaban los bueyes y de un tajo certero con la azuela quedó castrado como un eunuco, como Orígenes que para alcanzar la suprema virtud cristiana se privó de las partes masculinas voluntariamente o como los cantores del Vaticano que regocijaban los oídos del papa Clemente VIII. ¡ Capón de por vida ¡

         --¡la palabra de un hombre está por encima del cielo y de la tierra”—repetía  el labriego mientras se hacía un rústico vendaje.

         El molino Herreros existió en ruinas  hasta el 1800. La pradera que estaba en la parte de debajo se llama “pradera del molino” que llega hasta el camino de Paredones (Bernuy de Palacios), la pradera que estaba en la parte de arriba se llama “molino Herreros” que es desde el puente sobre este rio en la N 110 hacia abajo. No “molinguerreros” como algunos dicen si no prado de molino Herreros. Y ¿ cómo decir que se llama la cuesta que no subió el carro?. Todos los de Madrona y Fuentemilanos lo saben, unos porque es trabajosa subirla andando, otros porque es empinada para las bicicletas, otros porque han volcado con el coche en ella, en fin, que todo el mundo lo sabe, aunque se ha distorsionado la palabra y por apócope dicen “el cuestarnal”, pero es “ la cuesta de Arnal”

 

lunes, 31 de diciembre de 2012

Leyenda: EL ENTIERRO DEL CONDE


Gustábale al conde el pasear por entre los montones que en las eras de Torredondo tenía, para regocijarse de la gigantesca cosecha que todos los veranos recolectaba.
Miraba como sus criados trabajaban para que la cosecha estuviera a punto para meterla en los graneros. Allí había segadores, acarreadores, gente que trillaba , mujeres y mozalbetes que ayudaban a barrer la era, a llevar el botijo o el almuerzo o la alforja o los múltiples quehaceres que hacían falta en una hacienda tan grande y de un ricohombre tan avariento como era el conde.
Atinaron a pasar por allí dos pobres de solemnidad que medio descalzos y mal vestidos se acercaron al noble señor con humildad y le pidieron limosna. Enfureció se el ricohombre diciendo que había sido un mal año, que apenas había cogido cosecha y que además, esos pobres vergonzantes y tullidos que van por los caminos pidiendo limosna no son de su agrado.
Ante tal acto de soberbia del conde y tan gran avaricia por no querer dar una limosna, un pobre le echó esta maldición:
" Que te entierren dos pobres bocabajo "
Harto estaba el conde de que tanto pordiosero le echase maldiciones, él que creía llevar una vida de santidad porque ayudaba de su pecunio personal a construir una capilla para su sepulcro en San Martín, una iglesia de Segovia al lado de donde tenía su casa y torreón.


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Pasaron los años y se encargó de decir a sus hijos y familiares que no acudiera ni un solo pobre a su entierro, sino solamente la “Junta de Nobles Linajes” y que el día de su cabo de año se predicaran sus virtudes en esa iglesia.
Tras morir el rico avariento y predicar el obispo frente al cuerpo yacente colocado en el centro de la iglesia iba a ser conducido a sepulcrar a la capilla de su propiedad, cuando desde atrás de la iglesia se oyó un murmullo y dos pobres haraposos avanzaron por el pasillo para coger el cadáver. Un grito ahogado entre los allí presentes se escuchó y con ojos expectantes se pusieron la mano en la boca para contener la respiración


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Avanzaron los mendigos, cogieron el cuerpo del conde entre los dos y caminaron hacia su sepulcro. Tuvieron mucho cuidado de poner el cadáver boca abajo, como la maldición decía.
Bajaron la tapa y la sellaron con plomo y estaño, y por el mismo camino que habían venido se fueron los vagabundos, dejando a la concurrencia boquiabiertos.
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Cientos de años después, allí está el sepulcro con su inconfundible escudo:
AGUILA, CASTILLO Y CRUZ.




sábado, 15 de diciembre de 2012

Leyenda: EL ARCON DEL CONDE



Cuenta la leyenda que poseía el conde un cofrecillo del tamaño de una cuartilla que es la mitad de media fanega y esta era un cajón terminado en pico para medir el grano a la vez que se echaba en los costales.
Media fanega


Era este cofrecillo un bello cajón repujado con cuero en las esquinas y con remaches dorados, clavos de hierro con hermosas cabezas y en
la misma madera incrustaciones de esmeraldas que daban un hermoso tono verde al arconcillo para referenciar lo que había dentro. Cerradura de hierro forjado y bañada su correspondiente llave en oro para realzar el valor de tan preciosas joyas que en el interior permanecían.



Había recibido este cofre el conde de manos del rey Carlos I por su valentía en la lucha contra los comuneros en la ciudad de Segovia a la vez que le había reconocido como posesiones suyas un gran número de obradas de tierra que llegaban desde Torredondo por Bernuy de Riomilanos a Hijasalvas, Valdeprados donde tenía un castillo el conde, toda la falda de la sierra hasta donde se perdía la vista allá por Turégano y su castillo que eso ya era del obispado. Le había concedido el rey el título de Conde de Rio Frío y Rio Milanos que posteriormente pasó a llamarse de Puñoenrrostro y habíale nombrado Contador Real.
Avaricioso como era dicho señor cuando abrió el cofre y vio todo repleto de esmeraldas sus ojos cuenta la leyenda se le volvieron verdes, del color de dichas piedras precios y las acarició suavemente sonriendo en su interior por tan grande riqueza. Cientos de piedrecitas del tamaño de un garbanzo había en es cofre. Una mueca picarona y avariciosa iluminó el rostro de dicho personaje.
Pero el rey le hizo prometer al conde:
" DE CADA ESMERALDA QUE SAQUES DEL COFRE, DEBERAS DAR OTRA A UN POBRE, PUES SI NO CADA SIGLO PERDERAN VALOR "
Eso significaba que si sacaba una esmeralda para hacer un anillo a su mujer debería de dar otra a un pobre. Si sacaba cinco para hacer un collar debería de dar cinco a un harapiento. De lo que significaba “perder valor cada siglo” nunca lo llegó a adivinar el conde, pues no llegó a vivir un siglo. Pero era que cada cien años si no había dado el cincuenta por ciento de lo que sacaba del cofre irían las esmeraldas convirtiéndose en oro, y cien años después en plata, y un siglo después en cobre y así sucesivamente “perdiendo valor”.
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El cofre junto con las esmeraldas nunca pagó tributo alguno a los pobres vergonzantes, ni a los pobres de solemnidad, ni a los pobres enfermos tocados por el fuego sacro, ni errantes ni menesterosos, ni ambulantes ni trotamundos, pues en cuanto el conde se separó del rey se olvidó de lo prometido y no creyó que fuera verdad lo de “perder valor”. Se fue heredando tan valioso tesoro del padre al hijo y luego al nieto, y así sucesivamente al igual que heredaba el título de conde el primogénito de la familia.
Ei arcón acabo con piedrecitas de río


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Al llegar el año 1600 como no había tributado nada a los pobres las alhajas de corindón se convirtieron en oro, pepitas de oro bastante gordas. Los herederos seguían haciéndose collares, anillos o pagando favores con semejantes joyas, pero ninguno cumplió la promesa.
Al llegar el año 1700 eran bolitas de plata las que había en tan hermoso cajón, un siglo después eran de cobre, pasados cien años dichas bolitas se hicieron de hierro y cuando llegó el siglo xxi el cofre tan valioso que comenzó siendo, estaba lleno de pequeñas piedrecitas de río que sólo valían para que los niños las lanzaran con el tirador.
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El cofre que era un hermoso baúl pequeño se vendió a un anticuario y ¡sabe dios dónde parará!.




sábado, 8 de diciembre de 2012

Leyenda de La Losa: EL ZAGAL DE LOS LOBOS


Un hermoso valle se abre camino en la parte de debajo de La Losa haciendo cotera con Riofrío , ese palacio femenino, rosado, mandado construir por una mujer, innumerables arroyos, riscos , laderas y peñascos encierran un espacio frondoso y apacible. La toponimia del lugar da nombres tan sonoros como Ceponillos, arroyo de las Cuevas, pues estas cavernas allí hay, arroyo de la Ahogada, el Simarron refiriéndose a una sima grande, el Saltador del lobo, cañada lobera dentro de Riofrio, peña Horadada, pues está horadada por la intemperie, y que por apócope también se llama Peñagradá, y varios nombres mas referidos al oficio de pastor como los Chivitiles, los Carneros, los Chivos y que han quedado grabados en el terreno para siempre jamás por los sucesos que en este valle ocurrieron.
Allí en el valle los ovejeros pastaban con sus ganados pacíficamente excepto que de vez en cuando venía el enemigo mayor de las ovejas, el lobo. Como dice el romance antiguo:
“mal barruntas las ovejas
no paran en la majada

Estaba el rabadán siempre preparado para este contratiempo con sus mastines y sus correspondientes carlancas, encencerrados los animales para que produjeran ruido en la noche si por algo se espantaban con sus correspondientes zumbos, esquilas, changarrillos y cencerros para protegerse del traicionero lobo.

Y existía por los alrededores una camada que estaban hermanados con un joven muchacho al que le conocían como el zagal de estos animales pues decían se había criado de las mismas tetas de una vieja loba que los lobeznos, ya que su madre le habría abandonado en la puerta de la guarida donde se amamantaban estos, y aullaba como ellos, y acudía a los rebaños a hacer zalagardás como sus hermanos lobunos. Buscaba este zagal el sesteadero del ganado y si observaba que no había pastor cerca atacaban el rebaño sin misericordia.
Pero había mayorales que se inventaban mil artimañas para cazar alguno de estos astutos animales y después de muerto pasearle por el pueblo echado en un burro como trofeo. Había que tener cuidado, el zagal de los lobos estudiaba el ataque y mandaba a sus hermanos al redil. Había varios rediles donde guardaban el ganado los pastores. Así, los carneros eran guardados en lo alto de la ladera izquierda del valle según se mira al poniente, y un poco mas abajo los chivos en esa misma ladera. En el valle, y por ser mas frondoso guardaban en la red cegajos, primales, andoscos, borregos y ovejas siempre a cargo de algún pastor que dormía en el campo al lado de los animales para evitar los ataques lobunos. Había también un corral para guardar un atajo de chivos o chivitil mas cerca del pueblo en unos apriscos hacia Navas de Riofrio. Alguna solución debían de buscar los diversos pastores para protegerse de los muchos ataques. Los mastines hacían su cometido, pero con el zagal hermano de las fieras, les burlaban muchas veces.


La solución se le ocurrió al rabadán, el que mas mandaba en todo el grupo de compañeros, sobrados, ayudadores, ovejeros, carnereros y zagales.
Atarían a los cuernos de los carneros y machos cabríos teas, estopas y astillas y los llevarían a un redil escondido en la ladera, cerca del aulladero de los lobos para que cayeran en el engaño. Por el berrido de las ovejas vieron los pastores que los lobos y su hermano de leche el zagal estaban cerca. Encendieron con llama todos los cuernos de los carneros y machos cabríos y les azuzaron contra los lobos. Como diría el poeta:
"aquí mis siete cachorros
aquí perra trujillana
aquí perro el de los hierros
a correr la loba parda".


Parecía todo un ejército en pos de los lobos y el zagal. Tal estruendo se preparó que huyeron despavoridos los animales excepto el zagal que le cogieron prisionero y la loba que la mataron. Y como dice el romance:
"que queremos tu pelle
pa,el pastor una zamarra".

Nunca mas se han visto lobos por esa zona. El muchacho se puso a las órdenes del mayoral al que le costó mucho trabajo hacerse un pastor de provecho, y a la loba la pasearon montada en un burro por el pueblo. Pero lo curioso de la historia es que han llegado hasta nosotros en este mismísimo siglo XXI los nombres del terreno donde sucedieron los hechos. Así:
ZAGALOBOS está en la cañada Real Leonesa tirando hacia Navas de Riofrío y cercano a la pared del palacio.
LOS CHIVOS era donde estaba el redil que guardaba estos animales y son unas tierras de por arriba de la ladera izquierda según se mira al poniente. Al lado están LOS CARNEROS.
LOS CHIVITILES que era el corral donde se guardaban los machos cabríos esta mas cerca del pueblo.
EL SALTADOR DEL LOBO o saltadero de lobos son unas peñas que hay en una ladera muy llamativa pegando a la pared de Riofrío en el valle mismo donde el arroyo del Rastrillo.
Y LA CAÑADA LOBERA está dentro del perímetro del bosque palaciego que es una ladera continua del saltadero de lobos.
Los pastores son personajes que están a punto de desaparecer pues son un anacronismo en nuestra sociedad actual, y eso que hubo una época que era un oficio muy valorado, muy profesional. Hoy en el siglo XXI quedan dos pastores en La Losa: Rafa y Jesús que son los únicos que merodean con sus rebaños por estos terrenos tan hermosos, sobre todo en primavera.





lunes, 12 de noviembre de 2012

Leyenda: Hijas albas de ojos albos


!Que lo he dicho mil veces ¡ Que toda la gandulería y holgazanería que merodeais por entre los montones en los atardeceres no quereis mas que robar.
Así se refería el conde a un pobre miserable que encontró por entre los montones de grano y cabañas que había en las eras de Torredondo y todo pertenecía a este avariento señor. El pobre tullido trotamundos, cojeaba, estaba tuerto y su edad ya no le dejaba trabajar en ninguna actividad, nadie le quería, era un ser inútil, inservible, solo se podía dedicar a la mendicidad. Y acudió a pedir una limosna al conde, al ver tanta riqueza en esa era. Gigantescos montones de grano que llamaban la atención a cualquier caminante, y se veían desde los pueblos limítrofes de lo grandes que eran. Acudió este errante vagamundo a pedir una limosna, no a robar y se encontró que el conde le escupió en la cara y le echó de sus eras a empellones. Pero según se iba el haraposo le dijo al conde a la cara una maldición :
" QUE LOS DE TU DESCENDENCIA TENGAN LOS OJOS ALBOS "
Aunque el avariento no creía mucho en estas sentencias, si que le hizo enfurecer aún mas y llamando a algún criado que por allí estaba le cogieron en volandas y le sacaron a las afueras del pueblo dándole un puntapié y aconsejándole que no se aproximara a ese lugar nunca más.
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Al cabo de unos meses el conde tuvo una niña. Cual sería su sorpresa que cuando abrió los ojos los tenía completamente blancos. Donde los demás tenemos pupila, y niña e iris, donde los demás tenemos unos de un color y otros de otro una ventanita hermosa redonda, esta niña tenía todo el espacio completamente blanco.
caserio de Hijas Albas
Consultaron un galeno , diversos adivinadores y algún vidente y todos llegaron al mismo resultado. La niña era ciega. No podía permitirse el conde que un ricohombre esclarecido y excelso como él, con sus títulos nobiliarios, con sus casas, palacetes, torreones, tierras, yuntas caseríos criados y riquezas en general tener una hija ciega. Un aristócrata como él, ilustre, noble, lleno de virtudes, respetado, querido y a veces envidiado por sus riquezas por el mismísimo rey ¡ una hija ciega !. Debería buscar alguna solución, ciegos sólo podrían ser los pedigüeños, los vagabundos, los nómadas, los errantes que van de pueblo en pueblo mendigando un mendrugo de pan. Pero él, un conde inmensamente rico no podía tener una persona así en su descendencia.
Pasaron los meses y su mujer volvió a quedarse embarazada. Temeroso el conde de la maldición de aquel pordiosero para intentar anularla comenzó a gastarse dinero en misas, ayuda a las iglesias, a los monjes, a los conventos, pero nunca a los bohemios, trotamundos o pedigüeños de puerta en puerta. A esos el conde no les podía ver ni les perdonaría por tal maldición. El conde se gastaba el dinero en la catedral, en cruces de esmeraldas para sacarlas en procesión, en anillos al obispo, en estandartes para su cofradía en sepulcros de mármol que adornen las iglesias, por ver si así el siguiente hijo que iba a tener nacía sin mermar ninguna facultad física.
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Volvió a nacer otra niña. Rápidamente a las parturientas les dijo que la miraran los ojos. No se podía, aún los tenía pegados, deberían de esperar unos días. Todas las mañanas el conde se levantaba con el ansia de ver a su nueva hija con los ojos abiertos. Tardó más días de lo normal en despegarlos, cuando al final los abrió sus ojos eran ¡albos!. Su segunda hija y también con los ojos completamente blancos, como si fueran de cera, como si fueran de mármol, sin ningún dibujo, sin ningún color, ¡ sin vida ! .
Tenía el conde el castillo en Valdeprados, y un par de leguas mas abajo tenía una casa de labor a la que llamaban “ el caserío de los Moros” por estar situado al lado de este río, al que habían venido a vivir una familia que decía tener dotes de curanderos, una mezcla de religión y medicina, que ante las personas que ya no sabían a quien acudir les confiaban sus remedios por ver si surtían efecto.
Se fueron las dos hijas a vivir con esta familia al caserio, pues los cuidados que la mujerona de la casa “sanalotodo “ las tenía que dar era varias veces al día y estar con ellas en todo momento. La mujerona curalotodo a un hora les daba manteca de jabalí y rezaba una oración, a otra les pasaba una llave hueca por los ojos y recitaba versos, después las soplaba con el ojo abierto presignándose y acordándose de sn se qué santo. Por las noches patas de milano muerto, pócimas de culebras, oraciones a almas en pena, y un sinnúmero de gestos que iban haciendo día tras día la curación según creía la mujerona curalotodo y el conde esperaba. Algunos días iba el padre a ver a sus hijas al caserío: ¿ cómo están mis hijas albas ? –preguntaba-. Creo que pronto podrán ver- respondía la mujerona. El tiempo fue pasando y sus hijas albas no conseguían tener el don de la vista. Las hijas albas de ojos albos eran completamente ciegas.
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Ojos Albos (Avila)


Eran ya adolescentes las niñas del conde y un día en una excursión que hicieron con un precioso coche de caballos en dirección a Avila a pasar el día iban acompañadas por varios sirvientes, que montados a caballo guiaban la comitiva. Al pasar un puente estrecho por encima de un río un caballo del coche donde viajaban las niñas de ojos albos se espantó y cayeron por el precipicio caballos, coche conductor y niñas, muriendo todos en el acto


La casa de labor al lado del río Moros donde habitaron las niñas con la mujerona sanalotodo se llama desde entonces HIJAS ALBAS
y el pueblo donde cayeron por el precipicio OJOS ALBOS

" EL ESPANTIO "


La puerta del bar del pueblo tenía una cortina hecha de chapas de las botellas. La había hecho el mismo dueño, cuando la vida era más económica y todo se hacía en casa. A unos hatillos o cuerdas largas se habían ido añadiendo chapas de distintos colores dobladas por la mitad y muy juntas, varias tiras colgando de una tabla de la anchura de la puerta y desde el dintel al escalón hacían una cortina de verano muy vistosa, a mi en mi imaginación infantil estas cortinas de los bares me parecían hechas de caramelos. Y tenían un sonido muy especial, cuando un cliente entraba, al apartar los colgantes de chapas y al soltarlos hacían un sonido potente y tintineante. A nadie dejaban sin mirar a la puerta cuando se oían estos choques entre las diversas tiras de la cortina.


Todos los días acertaba a pasar un lugareño montado en su burro por cerca de la puerta del bar. El animal retorcía la cabeza y miraba con antipatía a la cortina. Tenía un tramo de recorrido el asno que caminaba como de medio lado con la desconfianza puesta en la vista y sobre todo en sus grandes orejas. Por mas días que pasara el asno por esa cortina jamás de los jamases pasaba tranquilo, siempre oliendo algo raro en esos colgajos de colores. Lo que a los chicos pequeños era una hermosura de cortina por sus colores variados, su sonido alegre y su parecido a caramelos, al borrico le parecía la caja de los truenos.
Días y días el jinete acudía a la fuente a por agua que estaba un poco más abajo. Unas aguaderas y cuatro cántaros eran un transporte necesario para la subsistencia de la familia. En verano había días de echar más de un viaje con los cántaros, y el muchacho después de cargarlos montaba encima del burro para ir a su casa, y al pasar por la puerta del bar siempre la misma postura de desconfianza del animal con la cortina y eso que el joven le intentaba arrimar a la pared para que se le quitara el miedo, pero ¡nada!.
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Cargó un día el mozalbete los cántaros en los serones y se montó encima con la carga bien aparejada para ir a su casa. Oía en el bar voces y conversaciones de gente que parecía estar más bebida de lo normal. No paraban las risas, los aspavientos y el alcohol de funcionar entre los clientes.
Justo al llegar a la misma altura de la puerta con el burro un borracho desde adentro apartó fuertemente la cortina haciendo un revoloteo con los tirantes de las chapas y un sonido estruendoso. El burro que iba con la mosca detrás de la oreja pegó un “ espantío” de medio lado que fueron a parar al suelo jinete, serones y cántaros preparando una gran catástrofe.
Nadie se sujeta el requiebro de un burro. Todo jinete cae por las orejas pues el animal no solo requiebra para un lado sino que también para atrás, por eso siempre se dice que es peor la caída de un burro que la de un caballo pues un burro hace el efecto repión, de lado y para atrás como cuando bailas un re pión con su cuerda. Por eso amigo lector las cortinas y los burros no son buenos compañeros y si son de chapas como las que antiguamente había en los bares ni se le ocurra pasar cerca, aunque las cortinas de chapas ya han desaparecido y los burros a punto están.




sábado, 3 de noviembre de 2012

Leyenda: " EL PREPUCIO DEL CONDE"


 Cuenta la leyenda que yo se la oí a mi madre y ella dijo haberla oído hace muchos años y después he comprobado yo que mucho no es leyenda sino verdad, que Carlos i rey de España dio el título de conde de Puñoenrostro en 1523 a Juan Arias hijo este del protagonista de la historia y primer conde, dueño este de innumerables tierras y castillos por toda España pero principalmente en Segovia donde tenía su asentamiento. Diego Arias Davila llamábase el auténtico conde y era un judío converso. Habíase convertido al cristianismo en un sermón que San Vicente Ferrer había echado allá en una cruz que hay a la puerta de lo que hoy en día es la ermita del Cristo del Mercado en Segovia y el cual este santo diariamente echaba sermones a los segovianos en ese lugar.


Pero los judíos tenían a gala ser judíos de rompe y rasga y aunque por fuera parecían cristianos, pues se habían visto obligados a convertirse, en su interior y dentro de las casas seguían profesando la religión hebrea. El día de descanso no era el domingo sino el sábado y la pascua la celebraban rociando con la sangre del cordero la puerta de su casa.
Pero estos ritos y costumbres de Israel se habían visto obligados a cambiarlos por el feroz ataque y la expulsión del país que habían recibido de los cristianos.
También tenían mala fama estos hebreos por el acto sacrílego que sucedió en la iglesia del Corpus Cristi y otro acto en Sepúlveda en el que crucificaron a un niño para revivir la muerte de Cristo y así herir a los cristianos. Pero un rito que los delataba era la circuncisión. Todo judío varón era retajado que se decía a los cuarenta días de nacer y se guardaba su prepucio en un tarro con alcohol.
Si la justicia descubría ese prepucio acusador en casa de algún converso automáticamente era condenado a la hoguera por tener esa prueba de convicción. Todos los judíos deberían de haber destruido su tarro o en su defecto deberían de partir hacia el destierro a otros lugares.
Diego, el primer conde, ni fue al destierro ni destruyó el tarro donde guardaba el prepucio de la circuncisión. Era un cristiano judaizado, tenía tantas riquezas por ser contador del rey que no estaba dispuesto a desterrarse y dejar perdidas sus posesiones, sus innumerables caseríos, castillos, torreones, coches de caballos y varias mujeres con las que yacía siempre fuera de la ley y bajo la sombra del anonimato.


Pero un día llegó al rey el mensaje de que este conde tenía el famoso tarro escondido en casa. Rápidamente el rey mandó a varios miembros de la justicia a inspeccionar su casa. Si se descubría esta prueba judaizante se le quemaría en la hoguera.
Cuando vio el conde que llegaban por el camino a caballo ese ejército vigilante y oliéndose lo peor cogió rápidamente el tarro y corrió hacia un montón de trigo que había en las eras frente a su casa y lo empujó hasta enterrarlo en el grano.
Llegaron los de a caballo a la puerta de su casa y a la voz de: “ abra paso a la vara de la justicia “ entraron en la mansión que el conde tenía en Torredondo y comenzaron a hurgar, revolver y rebuscar el preciado tarro. Varias horas estuvieron estos individuos husmeando por todos los aposentos no dejando títere con cabeza. Pero nada consiguieron encontrar.Después de mucho rato y no habiendo encontrado nada los servidores del rey abandonaron el lugar con las manos vacías.
El conde había puesto a buen recaudo el tarro acusador en el montón de trigo. Pero pasaron los días, y no atreviéndose a sacar Diego el prepucio de su escondite por temor a que le pillaran,un pobre vagabundo acudió a Torredondo pidiendo limosna y el conde avariento le echó los perros para que se fuera de sus posesiones prefiriendo que toda su hacienda se convirtiera en tierra antes que dar limosna a un desheredado . Y así fue. Los montones de grano se convirtieron en tierra como leyenda que todo el mundo sabe quedándose el tarro con el prepucio dentro del montón de trigo, y justo encima una piedra para indicar el lugar exacto donde se encuentra la prueba acusadora judaizante.








lunes, 29 de octubre de 2012

Leyenda "EL NOMBRE DEL CONDE"

EL CONDE DE PUÑONROSTRO



Los mendigos no le caían simpáticos a este ilustre personaje. Tenía la creencia que todos eran vagos, truhanes o ladrones. Es cierto que bajo esos ropajes de la pobreza se esconde mucho caradura pero no menos cierto que a veces la vida trata a algunas personas con dureza descarrilándolos de la vía, dejándoles en la cuneta y haciéndoles vagabundos crónicos.


Cierto día salió el conde a las eras que estaban al lado de la mansión a ver cómo iba la cosecha ese verano. Gigantescos montones de trigo y de cebada repletaban el paisaje. Otros mas pequeños de otros cereales completaban su vista. Carros trillos ubios y un sin número la herramientas del agricultor estaban al lado de un chozo hecho de bálagos donde se guardaba el botijo, el talego, las albarcas y diversos enseres de sus criados.
A la eras aun no había llegado nadie, era el amanecer y sus criado estaban por el campo acarreando gavillas. Vió como al lado de un montón de trigo alguien arropado a una manta se movía como cogiendo el grano. En efecto un trotamundos estaba echando grano a un talego y guardándolo en unas alforjas.
Acercándose el conde sin ser visto y cuando estaba justo detrás de él le tocó el hombro y le dijo:


- Ladrón deja eso.
El pordiosero asustado y al verse pillado le soltó un puñetazo en la cara que le salió un moratón en el pómulo. Salió corriendo el mendigo y no se supo mas de él. El conde se quedó con la marca en el carrillo como si fuera una mancha o un pétalo de una flor.
1 Aunque su título oficial era conde de Riomilanos y Riofrío por tener posesiones allá donde se juntan esos dos ríos pasó a denominarse “Conde de Puñonrostro y que durante siglos y aun hoy tiene esta denominación.




Cuento de navidad: PASO A NIVEL SIN BARRERAS

Era el cinco de enero, hacía frío, pero a pesar de todo se podía dar un paseo por el campo.Después de comer, el “marqués” se puso la visera ganadera y cogió su “haiga” para ir a ver una punta de yeguas que tenía al otro lado de la vía.

A decir verdad al marqués como a mucha gente de La Losa ese paso a nivel nos causa mucho respeto, pero no hay mas solución que tener cuidado al pasar. A no sé cuántos coches ha afeitado el hocico el tren por acercarse demasiado. El capot de uno ha estado tirado varios años al lado de la vía pues una conductora al pasar hizo el stop demasiado cerca y le afeitó el morro. A un pastor con su Suzuki ídem de ídem, y el que esto escribe, una fiesta yendo con el carro y el caballo cargado de chicos, pasamos la primera puerta, se quedaron los chicos en ella, atravieso yo con el carro los raíles y de repente un pitido largo piiiiiiiii ¡ el tren!, - gritaron todos-, mi hijo pequeño que no pasaría de cuatro años quiso correr hacia mí y yo : ¡Noooooo! Le sujetó su hermana bamboleando a los dos el aire que desprendió el convoy.


Bueno, pues decía que ese paso a nivel es peligroso e iba el marqués tan contento un cinco de enero a atravesarle con el coche, despacito miró a los lados y nada, no venía el tren, fue a pasar y con tan mala suerte que las traviesas de madera que están paralelamente colocadas a los raíles para igualarse en altura con éstos y puedan pasar los vehículos solo dejando la ranura de las ruedas del tren, una de estas traviesas al pisarla en una esquina se levantó e hizo palanca en el coche levantándole la rueda contraria y dejándosela en el aire. Rápidamente el marqués metió marcha atrás y ¡nada! El coche no se movía, al estar un palier y la rueda en el aire no accionaba la fuerza para que el coche rodara. Metió primera y…!nada! el coche seguía sin moverse, el marqués se empezó a poner nervioso, estaba atravesado en mitad de la vía con un coche nuevo y podía venir el tren y llevársele con él dentro . Volvió a acelerar, volvió a meter marcha atrás…!nada! ¿qué hacía? En una situación tan catastrófica ¿qué se puede hacer, a quién acudir? . De repente se acordó del 112 el teléfono de emergencias. Sí, llamaría a ese número a ver si había tiempo de avisar al conductor del tren. Sacó el móvil aceleradamente, no sabía ni que número marcaba, miraba a la izquierda, miraba a la derecha, ¡su coche nuevo y él dentro! ¿ Dónde irían a parar?.
-¡Señorita, señorita!-gritaba-
-Sí dígame
-¡Señorita, señorita!
-Le oigo perfectamente no se ponga nervioso, dígame - contestaba la señorita.
-¡Señorita, señorita! -gritó por tercera vez.
- Caballero tranquilícese que así no solucionamos nada.
Al observar el marqués que era contestado por el 112 quiso contar el problema y se quedo sin habla, vio como movía la mandíbula y el cerebro quería contar lo que le pasaba y no hablaba, no salía sonido por su boca. Lágrimas como toneles bajaban por las mejillas. Al final salieron las palabras:
-Mire señorita se me ha parado el coche en mitad de la vía del tren que va de Segovia a Madrid en término de La Losa a ver si usted puede hacer algo urgentemente.
-Avisaré a Renfe lo antes posible-contestó la señorita.
Colgó el teléfono y volvió a acelerar inútilmente su coche flamante, iba a perecer bajo la voracidad del tren, si éste venía de Otero le empotraría un kilometro mas allá en los andenes de las Navillas y si venía de este pueblo le sacaría por las trincheras de la Casilla la Mora.
foto internet

De repente: ¡Piiiiiiiiiiiiiiiiii! –el silbido del tren, ese pitido largo, estruendoso, penetrante hasta las entrañas, como las trompetas del final de los tiempos, con ese chaca chaca rápido, irrespirable ¡ el tren ¡ venía a toda la velocidad de Otero.
- ¡Ay mi audi nuevo ¡ ¡ adiós coche ¡ -pensó el marqués-
Se bajó del coche, cogió la chaqueta y se puso a agitarla como un loco, con aspavientos en mitad de la vía.
-¡Pare, pare!
¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii ¡-pitaba el potente vehículo mientras se acercaba con una maldad mortífera en línea recta al marqués. Las lágrimas le caían a raudales, el corazón no daba abasto a bombear sangre, el sudor empapaba su camisa elegante y la chaqueta se movía como una bandera agitada impetuosamente en sus manos.
De repente observó como el tren aminoraba la velocidad, hasta se veía que frenaba, y como a metro y medio del “haiga” se paraba. Por las escalerillas bajaba un rey mago, era Melchor, con su túnica en verde fosforescente con una larga barba y un móvil en la mano. El marqués se abrazo a él:
-Gracias Melchor, sabía que alguna vez los reyes magos se portarían bien conmigo aunque de pequeño no me traían nada. ¡gracias Melchor! Y las lágrimas caían como ríos de la emoción.
-¡qué Melchor ni que leches!- contestó el maquinista que con barbas y con un anorak fosfórico de esos que usan en las carreteras había confundido en una ensoñación el marqués con un rey mago:- me acaban de avisar por el móvil de este peligro- y señaló el teléfono que aun tenía en la mano.



Este suceso es verídico, sucedió un 5 de enero de 2007