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La imaginación es mas importante que el conocimiento

domingo, 12 de agosto de 2012

Leyenda de Madrona "EL SOTO"

Los ejércitos romanos necesitaban grandes extensiones de terreno para acampar. Sus tropas se movían con cientos de soldados, ¡ qué digo cientos! ¡por miles!. En la época en que Segovia estaba construyendo el acueducto, las cohortes romanas necesitaban terreno llano, espacioso y con agua abundante para instalar sus campamentos. Instalarían las tiendas en decumana. Cercano a Segovia solo había un espacio que cumpliera esas condiciones y era el cercano paraje de Madrona, pues aún el pueblo con sus casas no existía,. no iban a montar sus campamentos en un peristilo Paraje regado por el rio Milanillos que también se junta con el arroyo de las Cuevas y en la parte de arriba el río Herreros. Paraje frondoso por donde los haya que hace que brote hasta la “ injá” de un carretero que siembres.(La injá era un palo largo y recto de madera con un pincho a la punta para guiar los bueyes). Bien comunicado al septentrión con la ciudad de la Gran Puente como se llamaba en época romana, pues estaba cerca, y para ir a las canteras de La Losa y Hontoria que entonces había para la obra también pillaba con buena comunicación.
Acamparon durante muchos años las legiones romanas en el soto de Madrona y que por aquel entonces sólo había zarzas no árboles como ahora. Y el acueducto fue avanzando en su construcción y piedra tras piedra se fueron viendo arcos, y en la vaguada mas grande de su recorrido, doble arcada y coronando todo el conjunto una cacera que llevaría el agua de una punta a otra de la ciudad. Muchos no se creían que esa obra funcionara, no daban un óbolo o un sextercio por ello Cuando los romanos dormían en las tiendas de campaña que tenían instaladas en el soto, todos clavaban su lanza a la puerta. La lanza de los soldados era de madera de fresno y la de los  decuriones, centuriones legados y capitanes romanos era de álamo negro y un poco mas larga, para diferenciar la graduación. Todas ellas derechas como velas y todas ellas clavadas, por la noche en la extensión frondosa del soto parecía un bosque a la luz de la luna.
Paseaba un día el legado junto con el arquitecto del acueducto por entre las lanzas del campamento e incrédulo el capitán de que por fin llegase a correr el agua por encima de tan majestuoso edificio le dijo al arquitecto:
"-Antes se convertirán en árboles todas estas lanzas a que pase el agua por ese gran puente que tu has diseñado"
Se acostaron los romanos y a la mañana siguiente que era el gran día de la inauguración de esa imponente obra al levantarse observaron como las lanzas clavadas en el suelo habían brotado. Nadie se explicaba el suceso, pero los generales romanos mandaron que nadie tocara su lanza, ese dia irían al desfile de inauguración sin ella. Y por esta extraña razón el soto se vio rápidamente poblado por fresnos, dejándonoslos en herencia hasta nuestros días. Pero había entre los fresnos otros árboles mas altos que eran los álamos negros donde hacían nidos las cigüeñas y que desaparecieron a finales del siglo XX, ésas eran las lanzas de los capitanes y mandamases romanos. A la Gran Puente le llamaron posteriormente los ciudadanos “el acueducto”, nombre que ha calado mucho y que parece un diminutivo. Para mole tan gigantesca, imponente y colosal como es esa obra, necesitaría un nombre mas apropiado como pudiera ser la Gran Puente. Al soto de Madrona se le añadió luego el adjetivo de “Grajera” por tanta cantidad de grajos y chovas que siempre ha habido en él y así se llama hoy, el soto de la grajera. Se supone que los soldados eran todos romanos “puros” puesto que no nació ninguna otra lanza que no fuera fresno excepto la de los capitanes, ni robles, ni enebros, ni encinas, ninguna otra especie hay.
Las lanzas de los romanos siguen en pleno vigor en forma de fresnos, han desaparecido los álamos negros y todo ello junto con los ríos forman un paraje paradisíaco en primavera.

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